Frase del SdlH.
Las palabras llegaron, como si tal cosa, cuando dejó de buscarlas. Y eso que ya casi había perdido la esperanza después de tantos meses rebuscando por toda la habitación sin éxito alguno. Le parecía increíble, ¿dónde se habían metido? No hace tanto estaban ahí mismo, en el cajón del escritorio, donde siempre había echado mano de ellas. Luego pensó que, tal vez, las había dejado en la mesilla de noche junto a ese libro que había empezado hace meses y que, probablemente, nunca acabaría de leer. ¡Tenían que estar ahí! Seguramente se las habría olvidado alguna de esas noches en las que no podía dormir, en las que sus pensamientos iban demasiado rápido, en las que necesitaba algo que le diera sentido a todo lo que pasaba por su mente. Pero no, allí tampoco estaban. Ya no se le ocurría dónde mirar, ¿qué había hecho con sus palabras? ¿Cómo las pudo perder de esa manera? Revisó cada rincón de la habitación, cada cajón, cada estantería… ¡incluso debajo de la cama! Nada. Ya no estaban. Se habían ido. Llegó un día que se agobió tanto con la idea de no volver a tener sus preciadas palabras que casi no podía respirar, el mero hecho de pensar que no podría volver a usarlas como antes le superaba. Esa sensación se volvió tan real que tuvo que abrir la ventana para no ahogarse de verdad. Y ahí estaban sus palabras, esperando para entrar, impacientes ya después de tanto tiempo. Se sentó frente al ordenador y, como si no hubiese pasado el tiempo, empezó a escribir…