viernes, 31 de agosto de 2007

Un hasta luego...

Pues sí... toca decir "hasta luego" porque este sábado 1 de septiembre me voy a Finlandia a pasar un añito de erasmus :) "¿No lo había más lejos?" me preguntaban algunos... "Anda que no vas a pasar frío ni na..." bromeaban otros... pero, mi comentario favorito es... "¿Y ahí qué hablan?" jajajaja Pero lo cierto es que poco a poco voy descubriendo cosas de ese país que me resultan más que interesantes. No sé si será un suicidio académico (o personal) pero tengo la intención de apuntarme a clases de finés y de sueco... es decir, quiero dos idiomas más para mi pequeña colección.

Esperaba estar más nerviosa, pero a poco más de 24 horas de irme no tengo apenas nervios, sólo soy consciente de ello por el número de despedidas que, según se acerca el momento de irse, van siendo más y más. No sé cómo puedo estar así de relajada, que por cierto me voy sola porque no conozco a ningún asturiano que vaya a la misma ciudad que yo, pero supongo que cuando me suba al avión seré consciente de todo esto.

Si no me pierdo por el camino, el plan de viaje es... Asturias-Madrid, Madrid-Helsinki, Helsinki-Turku... Supongo que si encuentro internet en alguna parte (hasta que me lo instalen en la habitación será así...) daré señales de vida antes o después... así que no os alegréis demasiado que no os libraréis de mí tan fácilmente.

Intentaré sacar tiempo para leeros (que debo lecturas a los cuentistas... lo sé :( pero he estado liadilla...) y para pasar por flogs y demás... Además, quería escribir con la frase de esta semana pasada y no pude... así que igual os sorprendo con algo a mi vuelta...la idea la tengo, ahora hay que darle forma :)

Y dejo de escribir esto porque, al igual que en el flog, no soy yo misma y esto no puede ser jajajaja Simplemente dejaros un saludo a todos los que pasáis por aquí de vez en cuando.

martes, 21 de agosto de 2007

Cuentacuentos (20)

Frase de Mundoyás y Níobe.

Aquí todo el mundo va a su bola, menos yo que voy a la mía
siempre intentando dar la nota, ser diferente a los demás. Me pregunto por qué lo hago, ¿de qué me sirve? Ahora mismo sólo siento una cosa y no es precisamente satisfacción. ¿Me estaré equivocando de nuevo?

Lo cierto es que tengo miedo de todo y de todos, tal vez por eso me aíslo. Tengo la sensación de que si me involucro demasiado voy a sufrir otra vez, probablemente porque volveré a estropearlo todo. Siento que soy como un rey Midas, y soy incluso más desgraciado que él ya que éste al menos convertía en oro cuanto tocaba. Yo ni eso, estando yo de por medio nada bueno puede esperarse.

Aunque, por supuesto, no me creo especial por sentirme así, es más, espero que alguien más haya estado en mi misma situación. Es curioso como al sufrir siempre creemos estar solos cuando, pensándolo bien, ha de haber alguien más pasando por lo mismo o, tristemente, por algo mucho peor que tú.

¿Se puede saber a dónde quiero llegar con todo esto? Tiendo a analizar en demasía (y así me va…) pero es ahora cuando me doy cuenta de que no soy tan desgraciado. Todo aquello que daba por hecho es lo que hace que me levante cada día y que siga sonriendo aunque sólo sea un poquito. Soy consciente de lo que tengo, de lo que echaría de menos si ocurriera algo. ¿Me habré dado cuenta demasiado tarde? Llegar tarde, ése es otro de mis miedos…

Pero volviendo a lo de ser diferente… ¿realmente lo consigo? Es decir, ¿qué es lo que piensan los demás de mí? Sé que debería darme igual, pero en estos momentos no puedo dejar de preguntarme si me ven como a una persona que se sale de lo “normal” o, por decirlo de otra forma, si me consideran un bicho raro. El caso es que este afán por ser extraordinario no me lleva a ninguna parte porque ahora soy como cualquier otro, y es que solamente una cosa nos trata a todos por igual.

Pienso en los errores que he cometido, que no son pocos, y en la forma de enmendarlos. Veo poca solución para la mayoría de ellos y para los que la tienen me falta valor. Me he convertido en un verdadero cobarde. ¿No es absurdo? Y yo que me creía valiente por querer ser distinto a los demás… en el fondo sigo la corriente como todos, sólo que yo no me atrevo a admitirlo.

Mis amigos, los pocos que me quedan, creen que ya no soy el de antes. Lo cierto es que yo mismo me veo como un hombre aburrido, que ya no se divierte como antes. Me he convertido en un amargado al que podría darle poco menos que un infarto por el mero hecho de pensar en hacer un pequeñísimo cambio de planes en su más que organizada vida. Sin duda por eso me va tan mal, pienso demasiado en lugar de actuar. Y cuando me propongo organizar algo no le viene bien a nadie… soy yo el que siempre acaba amoldándose a los demás. Además, cuando me avisan para quedar siempre me da la sensación de que lo hacen por pena, no sé, como si en cierto modo se sintieran obligados a verme cada cierto tiempo.

Le doy demasiadas vueltas a todo, lo sé. Pero es que llevo mucho tiempo pensando que cada descubrimiento que hago me hace especial y me convierte en “uno de los elegidos” cuando en realidad miles de personas ya se habían encontrado con eso antes que yo. Según va pasando el tiempo me doy cuenta de que no hay absolutamente nada extraordinario en mí.

Ahora, sentado sobre esta incómoda silla, me pregunto si el pensar en todo esto va a cambiar algo. Las paredes de esta sala, que en su día fueron blancas y hoy lucen un color que es a mi entender indescriptible, me ponen nervioso. Pero el hecho de que necesiten al menos una mano de pintura es simplemente una forma de distraerme, de no pensar en lo que realmente me tiene atemorizado.

De repente, algo me paraliza. Recuerdo lo que me ha traído a esta sala de espera, sé que me llamarán en unos minutos y no sé qué puede ocurrir. Mi vida pasa ante mis ojos, ¿de verdad quiero ser recordado así? Con suerte tal vez ni siquiera me recuerden…

- ¿Señor García? Puede usted pasar, el médico le espera…

Muy amablemente la enfermera me ha despertado de esos pensamientos que me habían transportado como a otro mundo. Mi corazón late con más fuerza en cada paso que doy hacia la puerta de la consulta donde me sentaré frente a un desconocido que me dirá cuál va a ser mi propio destino… Llevo casi una hora replanteándome mi vida y ahora siento miedo otra vez, ¿habrá merecido la pena?

miércoles, 15 de agosto de 2007

Cuentacuentos (19)

Frase de María.


Imagen: sodahead.com

Nada más despertar, se gira y lo descubre a su lado. Sonríe, no puede evitar hacerlo, esto es exactamente lo que desea desde hace tiempo, demasiado tiempo.

Atrás quedan esos días de flirteos, que existieron aunque ella nunca lo admitió, los comentarios de los demás, los mensajes cifrados que sólo ellos dos entendían… todo eso formaba parte del pasado, su pasado.

Mientras observa como duerme plácidamente, recorre cada centímetro de su piel acercando su mano suavemente, sin tocarle, dibujando a su vez la silueta con la que tantas veces había soñado. Tiene miedo de despertarle, o de despertarse ella misma tal vez, y por eso se niega el privilegio de tocar su tan deseada piel.

Recuerda las conversaciones que duraban horas y horas, las tonterías que podían llegar a decirse el uno al otro, las canciones que ambos escuchaban, los libros que se recomendaban… recuerda mientras él duerme aparentemente ajeno a todo lo que no sean sus sueños. “¿Estará soñando conmigo?” – fantasea mientras acerca su mano a los labios con los que ella sí que ha soñado cientos de veces desde que lo conoce.

Se aparta… casi consigue olvidarse del miedo que la persigue constantemente y no deja que vea con claridad lo que tiene delante, lo que para todos es más que evidente desde hace ya unos años. “¿Y si no tenía otro sitio para dormir?” – no deja de darle vueltas a esa idea, su mente no puede asimilar lo que está pasando y se niega a creer que él está ahí por amor a ella, eso no puede ser así, tiene que haber alguna otra razón, sí, ha de existir una explicación lógica.

Pasa el tiempo pensando en como empezó todo aquello. Dos meses antes le habían propuesto ir a una especie de fiesta, a una reunión de amigos en la que iban a celebrar la futura boda de dos de ellos. Al principio no quiso ir, pero quería tanto a los novios que tuvo que vencer su timidez y acudir al encuentro. Temía el momento en que los demás la vieran en persona, como si por ello fueran a descubrir algo que hasta entonces ignoraban. Si se lo hubieran dicho de otra persona habría asegurado sin pestañear que era una soberana tontería, pero al tratarse de sí misma el viaje se planteaba como un verdadero reto.

Ahora ya no puede escapar de esa cama cuando era precisamente de él de quien más deseaba escapar. El mero hecho de pensar en el fracaso la anula. Piensa constantemente en el fracaso porque lleva demasiado tiempo construyendo una fantasía que se sostiene sobre ideas ya desfasadas, cree que un caballero andante la va a rescatar de su monótona vida y le jurará amor eterno, amor de verdad, como el que se ve en las buenas películas hollywoodienses.

También maldice a su amiga, la novia, porque sabe que es precisamente ella la que lo ha metido en su habitación, en su cama. Aunque siempre lo ha negado, es consciente de que su amiga siempre ha sabido lo que siente por ese chico y hasta puede llegar a comprender los motivos que la llevaron a meterla en semejante encerrona. Sin embargo, y aunque agradece las molestias que su particular celestina se ha tomado, sigue pensando que no servirá para nada ya que él no la quiere y nunca lo hará, es obvio que nada puede cambiar eso.

Tan absorta está en sus pensamientos que no se da cuenta de lo que ocurre. Él abre los ojos, sonríe y se acerca poco a poco a ella para acabar besándola apasionadamente. Ella se estremece, no sabe cómo reaccionar, pero no tarda en darse cuenta de que, como en todo cuento de hadas que se precie, el valiente príncipe ha conseguido liberar a la princesa. Puede que ninguno de los dos pertenezca a la realeza, puede que en vez de una alta torre haya pura timidez y mucho miedo, pero lo cierto es que, en este punto de la historia, nuestra protagonista no es ni más ni menos que una bella durmiente o una Blancanieves al más puro estilo Disney y toda la lógica que esperaba encontrar se desvanece en un solo instante porque el amor es así, irracional, y no se puede entender de otra forma por mucho que te empeñes en lo contrario.

miércoles, 8 de agosto de 2007

Cuentacuentos (18)

Frase de Sharon.

Le escuché en silencio porque escupir aquella historia parecía costarle demasiado.
Estaba cansado, o al menos a mí me dio esa sensación, pero aún así él continuaba hablando. Me contaba lo curiosa que es la vida, cómo no vemos las cosas que tenemos delante hasta que, por causas que escapan a nuestro entendimiento, ya es demasiado tarde para ponerle remedio.

Mientras hablaba le observaba, parecía estar tan cansado… No podría explicarlo con palabras pero estaba tan cambiado… realmente parecía una persona totalmente distinta, y es que estaba tan triste que apenas podía articular palabra. No quería perder ni un solo detalle de su discurso, ya que sabía que estaba siendo especialmente difícil para él confesar todo aquello.

Le notaba intranquilo, como si supiera que hasta entonces había algo que no funcionaba del todo, como si se arrepintiera de no haber dicho todo aquello antes, mucho antes. Sentía su afecto y su cariño, pero también su miedo y su impotencia ante esa nueva situación que irremediablemente tendría que aceptar tarde o temprano.

Sin embargo, se resistía a admitir que esa conversación había llegado demasiado tarde. En principio, nada de lo que dijera o hiciera iba a cambiar nada ya, pero para él era un asunto pendiente que debía solucionar para poder seguir adelante.

Yo escuchaba pacientemente y no podía evitar dejar caer alguna que otra lágrima por mi pálido rostro. No podía creer muchas de las cosas que salían por su boca pero… ¿por qué me iba a mentir ahora? No tenía sentido, ya no.

Sus últimas palabras para mí fueron:

Lo siento, siento haber sido tan cobarde como para no decirte esto antes, no he sabido admitir todo esto a tiempo. Ahora es demasiado tarde, ya nada puede cambiar lo sucedido. ¿Podrás perdonarme algún día? No lo olvides, te quiero.

Y, tras estas palabras, se fue. Ahora la que se sentía impotente era yo, no podía decirle que no había nada que perdonar, que yo había hecho exactamente lo mismo y que yo también le quería, le quería muchísimo.

Lo cierto es que aún le quiero, pero he de dejar que siga con su vida y que sea feliz, aunque sea junto a otra chica. No era mi intención hacerlo, quería estar por siempre a su lado, pero aquella tarde comprendí que tenía que ser así mientras observaba como se alejaba lentamente de mi tumba.

Días como el de hoy te hacen pensar en lo que realmente importa, en que vale más decir las cosas y demostrarlas que lamentarse después… el “a mí no me va a pasar” no vale nada, porque las cosas pasan y a veces tocan cerca… y piensas qué pasaría si te tocaran todavía más cerca, porque no es la primera vez que pasa algo así y por desgracia no va a ser la última y puede que algún día te toque a ti… Si no se nos olvidara todo tan pronto después… :(