lunes, 30 de abril de 2007

Cuentacuentos (7)

El título de aquel libro llamó poderosamente mi atención. Inexplicablemente, me vi con ese libro entre mis manos, sin poder quitar la vista de su portada. Debería haberlo dejado en su sitio, pero me pudo la curiosidad, tuve que abrirlo y comenzar a leer, había algo que me obligaba a hacerlo. Nunca me arrepentiré lo suficiente por ello.

Tenía la intención de leer unas páginas para ver si merecía la pena. Quería llevármelo a casa para leerlo tranquilamente. Sin embargo, no pude parar… “Sólo una página más” me decía a mí misma una y otra vez, pero el libro ya me había absorbido por completo.

Página tras página, pasaron las horas. Había escogido un buen sitio donde nadie pudiera molestarme, así que cerraron la biblioteca y ni me enteré. De repente, sin saber por qué, levanté la vista un momento. La única luz en la sala era la mía, no había nadie más. ¿Ya había pasado tanto tiempo? Bueno, me quedaba menos de una página, así que decidí acabar el libro antes de pensar cómo salir de allí.

Seguí leyendo…

Dejó a su octava víctima en el maletero del coche, no podía dejar rastro o no llegaría a tiempo. Sin mirar atrás, siguió su camino. Corrió por una calle oscura, ya era de noche, ¿sería demasiado tarde ya? Al final de la calle vio un edificio que le parecía familiar y entró rápidamente, aun arriesgándose a equivocarse de lugar. Pero no había tiempo, debía acabar con su tortura esa misma noche.

Sí, parecía que era allí, la vio a lo lejos. Corrió hacia ella pero ella ni se inmutó, ni siquiera cuando dejó caer una silla que se cruzaba en su camino. Se acercó a ella sigilosamente y…

¿y…? ¿Y qué? ¿Qué pasaba después? Ese no podía ser el final. Me dio un escalofrío, por alguna razón ese final me daba miedo. Dejé el libro en el suelo y me levanté para irme, no quería tenerlo cerca ni un minuto más. Me di la vuelta y me vi a mí misma…

“Sólo tenías que cerrarlo para salvarte, ahora ya es tarde...”

Sentí unas manos terriblemente frías en mi cuello y la tortura acabó, al menos por esa noche.

Pasaron meses investigando los asesinatos, pero no hubo forma de averiguar quién había matado a esas personas, quién nos había matado. Yo sabía que tenía algo que ver con el libro, pero no sabía muy bien cómo y, aunque lo supiera, ¿cómo iba a contarlo? Me había convertido en un fantasma.

Ahora paso mis días en la biblioteca, intentando evitar que la historia se repita, pero soy consciente de que, antes o después, volverá a ocurrir. Supongo que queréis saber cuál era el título del libro, ¿verdad? Ni siquiera me acuerdo…



lunes, 23 de abril de 2007

Cuentacuentos (6)

Frase de Popi.

Como todo lo importante, ocurriste de repente.
Nunca me lo había planteado en serio, ¿sabes? Bueno, ni en broma tampoco la verdad. Era demasiada responsabilidad para alguien tan joven o, quizá no era la juventud, seguro que eran más cosas… ¿mi forma de ser tal vez? Si ni siquiera sabía cuidar de mi misma…

Un día supe que llegarías, y me entró miedo. Sí, al principio me asustó la idea, ¿cómo iba a hacerlo? ¿Cómo iba a cargar con toda esa responsabilidad? Y la gente me animaba, pensaba que sería más que capaz. Sin embargo, yo no podía ni pensar en ello. Se me pasó por la cabeza la idea de olvidarte y seguir con mi vida de siempre, lo admito, era demasiado arriesgado cambiarlo todo por ti. Pero poco a poco me hice a la idea, ¿si otros lo hacen por qué yo no? ¿Qué tienen ellos que no tenga yo? Vale, puede que seguridad en sí mismos. Pero ¿de verdad son todos tan seguros?

Es que no sé, es evidente que los resultados no siempre son demasiado buenos porque, lo crean ellos o no, muchos son un auténtico fracaso. FRACASO… creo que me daba miedo esa palabra, no quería ser un fracaso, no quería serlo por mí pero mucho menos por ti… no te lo merecías, y es ni siquiera existías por aquel entonces. ¿Habrías podido perdonármelo? Yo no…

Todas mis dudas y todos mis miedos desaparecieron cuando te vi por primera vez, cuando pude tenerte entre mis brazos. Fue una sensación tan inexplicablemente embriagadora… no podía pensar en otra cosa, no podía mirar nada más que no fueras tú, ya ni recordaba cómo era todo antes de tu llegada…


Y es que, al fin y al cabo, lo había hecho: había escrito mi primer libro :)







23 de abril, Día del Libro


¿Demasiado previsible? :P



lunes, 16 de abril de 2007

Cuentacuentos (5)

Frase de Carabiru.

Nunca he sabido hacer el equipaje

y no es momento para empezar.
Son tantos los recuerdos,
tantos los momentos
difíciles de olvidar.

La decisión está tomada,
debo irme y pensar.
Necesito saber qué quiero,
saber quién soy en realidad.

Una vez leí “They will not know
I have gone away to come back”*.
¿Será eso verdad?
¿Me voy para regresar?

Sólo sé que quiero irme,
descubrir otros mundos, viajar,
y sé que mis amigos
no me van a olvidar.

Aquellos que sí me olviden
será que no me quieren de verdad.
Serán la mayoría, seguro,
pero yo tampoco los voy a extrañar.

Quizá me esté equivocando,
quizá no me deba marchar.
Eso lo sabré cuando vuelva,
algún día,
tras unos meses de libertad.


* Sandra Cisneros, The House on Mango Street (pág. 110)

lunes, 9 de abril de 2007

Cuentacuentos (4)

- Érase una vez una princesa en su castillo…

- ¿El qué? Una princesa… estamos hartos de la típica historia de la princesita y su príncipe azul…

- Vale vale… vamos a ver… hmmm Érase una vez un niño que…

- ¿Un niño? ¿por qué un niño? ¿qué sabes tú de niños?

- Bueno, todos hemos sido niños…

- Pero seguro que no ibas a hablar de ti.

- Pues no… ¿y eso qué más da?

- Ah, que te da igual… muy bien, muy bien… así que piensas escribir cualquier cosa… princesas, príncipes y dragones, niños que viven aventuras increíbles… venga hombre, de eso está todo escrito ya ¿no?

- Nunca está todo escrito.

- Bueno, pero tienes mucho más que aportar, estoy seguro.

- ¿Ah sí? ¿Como qué? A ver…

- Prueba a escribir sobre ti misma…

- ¿Sobre mí misma? ¿Estás loco? ¿Qué voy a contar?

- Pues lo que sea… tu vida, tus sueños, tus sentimientos… una lección que has aprendido, un recuerdo de la infancia… escribe sobre ese amigo al que echas de menos, sobre tu abuelo que te contaba historias, sobre tu vecino (ese que te parece tan misterioso) no sé… escribe de lo que quieras pero que haya algo tuyo… si no, no vale nada.

- Eso es mentira. Además si escribo sobre mí… los demás van a saber muchas cosas que…

- Tú eliges qué quieres contar y, lo más importante, cómo contarlo. Seguro que tienes mucho que contar y tú sabes cómo hacerlo, sólo tienes que intentarlo.

Lo que le había dicho su amigo le hizo pensar. ¿De verdad podía escribir algo que mereciera la pena? Después de darle muchas vueltas, aquella misma tarde empezó a escribir:

Érase una vez…