El título de aquel libro llamó poderosamente mi atención. Inexplicablemente, me vi con ese libro entre mis manos, sin poder quitar la vista de su portada. Debería haberlo dejado en su sitio, pero me pudo la curiosidad, tuve que abrirlo y comenzar a leer, había algo que me obligaba a hacerlo. Nunca me arrepentiré lo suficiente por ello.
Tenía la intención de leer unas páginas para ver si merecía la pena. Quería llevármelo a casa para leerlo tranquilamente. Sin embargo, no pude parar… “Sólo una página más” me decía a mí misma una y otra vez, pero el libro ya me había absorbido por completo.
Página tras página, pasaron las horas. Había escogido un buen sitio donde nadie pudiera molestarme, así que cerraron la biblioteca y ni me enteré. De repente, sin saber por qué, levanté la vista un momento. La única luz en la sala era la mía, no había nadie más. ¿Ya había pasado tanto tiempo? Bueno, me quedaba menos de una página, así que decidí acabar el libro antes de pensar cómo salir de allí.
Seguí leyendo…
Dejó a su octava víctima en el maletero del coche, no podía dejar rastro o no llegaría a tiempo. Sin mirar atrás, siguió su camino. Corrió por una calle oscura, ya era de noche, ¿sería demasiado tarde ya? Al final de la calle vio un edificio que le parecía familiar y entró rápidamente, aun arriesgándose a equivocarse de lugar. Pero no había tiempo, debía acabar con su tortura esa misma noche.
Tenía la intención de leer unas páginas para ver si merecía la pena. Quería llevármelo a casa para leerlo tranquilamente. Sin embargo, no pude parar… “Sólo una página más” me decía a mí misma una y otra vez, pero el libro ya me había absorbido por completo.
Página tras página, pasaron las horas. Había escogido un buen sitio donde nadie pudiera molestarme, así que cerraron la biblioteca y ni me enteré. De repente, sin saber por qué, levanté la vista un momento. La única luz en la sala era la mía, no había nadie más. ¿Ya había pasado tanto tiempo? Bueno, me quedaba menos de una página, así que decidí acabar el libro antes de pensar cómo salir de allí.
Seguí leyendo…
Dejó a su octava víctima en el maletero del coche, no podía dejar rastro o no llegaría a tiempo. Sin mirar atrás, siguió su camino. Corrió por una calle oscura, ya era de noche, ¿sería demasiado tarde ya? Al final de la calle vio un edificio que le parecía familiar y entró rápidamente, aun arriesgándose a equivocarse de lugar. Pero no había tiempo, debía acabar con su tortura esa misma noche.
Sí, parecía que era allí, la vio a lo lejos. Corrió hacia ella pero ella ni se inmutó, ni siquiera cuando dejó caer una silla que se cruzaba en su camino. Se acercó a ella sigilosamente y…
¿y…? ¿Y qué? ¿Qué pasaba después? Ese no podía ser el final. Me dio un escalofrío, por alguna razón ese final me daba miedo. Dejé el libro en el suelo y me levanté para irme, no quería tenerlo cerca ni un minuto más. Me di la vuelta y me vi a mí misma…
“Sólo tenías que cerrarlo para salvarte, ahora ya es tarde...”
Sentí unas manos terriblemente frías en mi cuello y la tortura acabó, al menos por esa noche.
Pasaron meses investigando los asesinatos, pero no hubo forma de averiguar quién había matado a esas personas, quién nos había matado. Yo sabía que tenía algo que ver con el libro, pero no sabía muy bien cómo y, aunque lo supiera, ¿cómo iba a contarlo? Me había convertido en un fantasma.
Ahora paso mis días en la biblioteca, intentando evitar que la historia se repita, pero soy consciente de que, antes o después, volverá a ocurrir. Supongo que queréis saber cuál era el título del libro, ¿verdad? Ni siquiera me acuerdo…
Más historias: http://www.elcuentacuentos.com/