Frase de Darka Treake.
La última imagen que quedó plasmada en su retina fue la de su asesino. Sintió como un afilado cuchillo penetraba poco a poco en su cuerpo y ya no vio nada más… Pero ahora ya habían pasado seis meses de aquello y no sabía por qué estaba todavía allí, por qué no había seguido adelante. En cambio, lo que sí sabía es que estaba cansada, cansada de esa situación, de ver cómo ellos seguían con sus vidas felizmente sin el menor signo de culpa o arrepentimiento. ¿Acaso ella era invisible? Bueno, ahora que era un fantasma eso tenía sentido pero… no, ella había sido invisible toda su vida, mucho antes de aquello, mucho antes de su muerte…
Un día se cansó de esperar a que algo cambiara, ¿nadie pensaba vengar su muerte?
Yo vengaré mi muerte – se dijo a sí misma –
si sigo aquí ha de ser por algo, y ésta debe ser la razón. Y, así, casi de repente, decidió enfrentarse a todos los causantes de su temprana muerte. Eligió cuidadosamente a su primera víctima, Laura. Habían ido juntas al colegio pero nunca habían llegado a ser amigas. Aquella noche, Laura dormía plácidamente en su cama cuando un susurro la despertó
Laura… Laurita… ¡despierta! La pobre chica empalideció al ver cómo Ana (que así se llamaba la chica-fantasma) aparecía ante ella.
- Pero… tú… tú… eres…
- Sí, soy yo… ¡mira en lo que me habéis convertido!
- ¿Cómo? – apenas le salía la voz – No entiendo nada… oí que habías muerto, que te habías... – pero Ana la interrumpió.
- ¡No lo digas! Las dos sabemos que eso iba a pasar tarde o temprano, ¿o es que te creías que iba a aguantar toda la vida?
- Pero no lo entiendo, ¿qué es lo que quieres? Ahora ya no podemos cambiar nada…
- Claro que podemos… - y, riéndose escandalosamente, desapareció.
Laura ya no durmió más aquella noche. Por una parte, estaba muerta de miedo. Nunca había creído en fantasmas y ahora no podía negar lo que sus ojos habían visto. Pero también empezó a recordar su época del colegio y lo mal que se había portado con Ana. Ahora se sentía culpable. Pero claro, ya era tarde. ¿Qué había querido decir?
Claro que podemos… aquellas palabras resonaban en su mente. De repente, se dio cuenta de que si Ana quería venganza ella no sería la única víctima, debía avisar a los demás. Saltó de la cama y corrió hacia el teléfono pero Ana se le apareció en el pasillo con un cuchillo en la mano.
Demasiado tarde Laurita…
Lo siguiente que vio fue una habitación oscura, no le era familiar. Estaba sola. Al poco tiempo, alguien entró por la puerta. Era Ana… Intentó hablarle pero ella podía verla ni oírla, era como hablarle a un personaje de una película, toda esa situación era como estar viendo una película. Ana estaba llorando y llevaba un cuchillo en la mano, se miró en el espejo y pronunció unas palabras.
Se acabó… Sí, no había duda, había visto el suicidio de su asesina, ahora comprendía la razón de tanto odio y ella misma creyó que debía morir por haber sido tan cruel con esa niña.
Por desgracia, a Ana esto no le pareció suficiente, quería más. Por eso aún hoy sigue recorriendo la ciudad en busca de antiguos compañeros de clase, vecinos, falsos amigos, que tanto daño le hicieron en vida y por los que no podía irse tras su muerte.