viernes, 30 de marzo de 2007

Qué bonita la vida del estudiante...

Después de una ausencia más que justificada (vete a la universidad y siéntete como en el instituto o peor...) pues me ha dado por escribir una entrada, que ya tocaba. La verdad que este cuatrimestre estoy demasiado ocupada para pararme a escribir nada (y bien que lo siento jajaja) pero bueno, en estas "vacaciones" supongo que algo escribiré.

Tener que leerme 4? 5? libros estos días desanima a cualquiera, y no por tener que leerlos sino por tener que hacerlo para clase (a mí leer por obligación y con fecha límite me motiva más bien poco... ¿qué hago estudiando filología? jajajaja) pero bueno... no moriré en el intento ni nada parecido.

Y nada, poco más que contar, sólo que llevo dos días de vacaciones y ya podían ser unos meses en vez de una semana jajajaja Al final voy a tener que agradecer que hubiera reunión de departamento en la facultad y me "perdonaran" el último día de clase...

lunes, 12 de marzo de 2007

Cuentacuentos (3)

Frase de Darka Treake.

La última imagen que quedó plasmada en su retina fue la de su asesino.
Sintió como un afilado cuchillo penetraba poco a poco en su cuerpo y ya no vio nada más… Pero ahora ya habían pasado seis meses de aquello y no sabía por qué estaba todavía allí, por qué no había seguido adelante. En cambio, lo que sí sabía es que estaba cansada, cansada de esa situación, de ver cómo ellos seguían con sus vidas felizmente sin el menor signo de culpa o arrepentimiento. ¿Acaso ella era invisible? Bueno, ahora que era un fantasma eso tenía sentido pero… no, ella había sido invisible toda su vida, mucho antes de aquello, mucho antes de su muerte…

Un día se cansó de esperar a que algo cambiara, ¿nadie pensaba vengar su muerte? Yo vengaré mi muerte – se dijo a sí misma – si sigo aquí ha de ser por algo, y ésta debe ser la razón. Y, así, casi de repente, decidió enfrentarse a todos los causantes de su temprana muerte. Eligió cuidadosamente a su primera víctima, Laura. Habían ido juntas al colegio pero nunca habían llegado a ser amigas. Aquella noche, Laura dormía plácidamente en su cama cuando un susurro la despertó Laura… Laurita… ¡despierta! La pobre chica empalideció al ver cómo Ana (que así se llamaba la chica-fantasma) aparecía ante ella.

- Pero… tú… tú… eres…
- Sí, soy yo… ¡mira en lo que me habéis convertido!
- ¿Cómo? – apenas le salía la voz – No entiendo nada… oí que habías muerto, que te habías... – pero Ana la interrumpió.
- ¡No lo digas! Las dos sabemos que eso iba a pasar tarde o temprano, ¿o es que te creías que iba a aguantar toda la vida?
- Pero no lo entiendo, ¿qué es lo que quieres? Ahora ya no podemos cambiar nada…
- Claro que podemos… - y, riéndose escandalosamente, desapareció.

Laura ya no durmió más aquella noche. Por una parte, estaba muerta de miedo. Nunca había creído en fantasmas y ahora no podía negar lo que sus ojos habían visto. Pero también empezó a recordar su época del colegio y lo mal que se había portado con Ana. Ahora se sentía culpable. Pero claro, ya era tarde. ¿Qué había querido decir? Claro que podemos… aquellas palabras resonaban en su mente. De repente, se dio cuenta de que si Ana quería venganza ella no sería la única víctima, debía avisar a los demás. Saltó de la cama y corrió hacia el teléfono pero Ana se le apareció en el pasillo con un cuchillo en la mano. Demasiado tarde Laurita…

Lo siguiente que vio fue una habitación oscura, no le era familiar. Estaba sola. Al poco tiempo, alguien entró por la puerta. Era Ana… Intentó hablarle pero ella podía verla ni oírla, era como hablarle a un personaje de una película, toda esa situación era como estar viendo una película. Ana estaba llorando y llevaba un cuchillo en la mano, se miró en el espejo y pronunció unas palabras. Se acabó… Sí, no había duda, había visto el suicidio de su asesina, ahora comprendía la razón de tanto odio y ella misma creyó que debía morir por haber sido tan cruel con esa niña.

Por desgracia, a Ana esto no le pareció suficiente, quería más. Por eso aún hoy sigue recorriendo la ciudad en busca de antiguos compañeros de clase, vecinos, falsos amigos, que tanto daño le hicieron en vida y por los que no podía irse tras su muerte.



lunes, 5 de marzo de 2007

Seguimos con el intento ;)

Apenas dos días después de mi cumpleaños, él me dejó”– decías mientras tratabas de secar las lágrimas que se deslizaban suavemente por tu cara. Me contaste cómo os habíais conocido y otras mil anécdotas que guardabas en tu mente. Te veía tan triste que no sabía cómo consolarte, sólo se me ocurrió darte un fuerte abrazo. “Así me abrazaba él…” pero el llanto no te dejó seguir.

“No lo entiendo, se fue de repente, sin decir adiós. Hace ya tres meses de eso. Estábamos tan bien juntos que no podía creerlo. Lo primero que pensé es que le había pasado algo, nadie sabía nada de él. Pero hace un par de días recibí una nota suya… decía: Siento lo que ha pasado, no puedo explicarlo pero no voy a volver. Sé feliz. ¿Feliz? ¿FELIZ? ¿Cómo?”. A mí se me partió el alma al verte llorar así, pero no podía contarte la verdad, si ni yo mismo lo entendía… ¿cómo iba a explicártelo?

Pero ahora creo que ha llegado el momento de ser sincero, tú necesitas seguir adelante, no puedes seguir así. La verdad es que aquel hombre del parque, aquel anciano con el que te sinceraste cuando no encontrabas consuelo en nadie más, ése, ése era yo. Y te preguntarás que quién soy yo, y ni yo mismo me lo creo, pero soy el mismo chico que conociste hace ya dos años, el mismo que desapareció hace tres meses y te rompió el corazón.

No sé qué es lo que ha pasado, y creo que nunca lo sabré. Sólo recuerdo que te dejé en casa una noche y, de camino a casa, una luz brillante me cegó. Sólo pasó un instante y, de repente, era de día otra vez. No entendía nada pero te vi, te vi venir a lo lejos y fui hacia a ti. Sin embargo, tú pasaste de largo como si yo fuera un extraño. No tardé en entenderlo, vi mi reflejo en el escaparate de una tienda de ropa… ¿quién era ese anciano? ¿cómo era aquello posible?

Al día siguiente te escribí esa nota, fue lo único que se me ocurrió en ese momento, pero cuando te vi llorando en el parque me di cuenta de que no era suficiente. Tú necesitabas algo más que eso, merecías una explicación mejor. Por eso decidí escribir esta carta, sé que es casi imposible de creer y no sé cómo te lo vas a tomar pero es lo único que puedo hacer. Me queda poco tiempo, no tengo fuerza ni para escribir, el boli se me cae de las manos y cada vez me siento más débil.

Nunca olvides el tiempo que pasamos juntos, no me olvides a mí y seguiré a tu lado siempre. “Siempre”, ¿te acuerdas? Nunca nos dijimos “te quiero” porque eso es lo que dice todo el mundo, esas palabras están tan usadas ya… Vive y sé feliz, hazlo por mí y por la vida que no pude disfrutar contigo, ¿sí? Y no lo olvides, SIEMPRE…



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