Frase de Níobe.
El silencio de la noche fue su aliado. No podía parar de llorar, apenas podía respirar… debería haberse dado cuenta antes... pero había estado demasiado ocupada con su trabajo y se echaba la culpa de todo. Atrás quedaban esos días dónde todo era diversión y no había ninguna preocupación… ahora ella debía ocuparse de todo y no sabía por donde empezar… estaba perdida.
Aquel día se despertó a las seis de la mañana sobresaltada por un ruido… venía de la habitación de su madre. “¿Dónde vas a estas horas?”… “Pues a trabajar… ¿a dónde voy a ir?”… “Mamá, hace años que no trabajas… vuelve a la cama anda”. Esta situación empezaba a ser habitual… la memoria le fallaba día sí y día también y todo había sido tan rápido… Después de esto no durmió más… no podía dejar de pensar en lo que había pasado, no entendía cómo no lo había visto antes… un pequeño despiste, algún olvido tonto… no le había dado la importancia que tenía… o quizá había estado demasiado tiempo fuera…
Cuando casi había acabado de recoger la casa, miró la hora… casi las doce y su madre aún dormía… fue a la habitación y se la encontró en la cama… dormida… ¿dormía? Casi con miedo se acercó… no se movía, no respiraba…
Tras el shock inicial tocaba volver a la realidad, había mucho que organizar, mucha gente a la que avisar, demasiado para hacerlo sola… pero no había nadie más… corrió hacia el teléfono… debía mantenerse ocupada o no podría soportar esa situación.
Cuando llegó a casa esa misma noche estaba agotada… no paraba de darle vueltas… “si hubiese estado aquí, esto no habría pasado”, “soy una egoísta, debería haberme quedado en casa… con ella…” pero ya era tarde… tenía que aprender a vivir con eso… ella ya no estaba… ya no tendría a quien regresar cuando se sintiera perdida… En silencio venían a su cabeza recuerdos de su infancia y su madre estaba en todos y cada uno de ellos… no podría imaginar la vida sin ella… y así, recordando, se durmió.
Al despertar miró el reloj… las cinco… pero… ésa era su casa de San Francisco… pero ella había vuelto a casa, tenía que ocuparse de su madre y lo había dejado todo por ella… no entendía nada… ¿cómo había vuelto allí? Cogió el teléfono y llamó a casa… “¿Sí?” era la voz de su madre… apenas podía articular palabra de la impresión pero sí, era ella, no había duda... Todo había sido un sueño. Pero eso le hizo pensar, fue como una advertencia que hizo que reaccionara. Unos días más tarde consiguió unos días libres y volvió a España en el primer vuelo que encontró… llamó a la puerta…
“¡Hola! Pero… ¿qué haces aquí?”
“Te echaba de menos…”